Un compañero indispensable para las labores del campo, reemplazado por la modernidad.

En los tiempos de antes, cuando el llano era una extensión infinita sin carreteras ni motores, el burro era el mejor compañero de trabajo y transporte. Noble, fuerte y resistente, este animal era el aliado perfecto en los fundos para llevar cargas, recorrer distancias cortas y asistir en múltiples labores. Tener un burro manso, es decir, no arisco, era una ventaja invaluable, pues su docilidad facilitaba el trabajo y permitía que hasta un niño de diez años pudiera montarlo y cumplir diligencias con seguridad.
El burro no solo era un medio de transporte, sino también una herramienta indispensable en la vida cotidiana del llanero. Se encargaba de llevar el maíz al molino, transportar agua en cántaros desde el río y cargar leña para la cocina. Su andar pausado, pero firme, garantizaba que la carga llegara intacta, sin la prisa ni el riesgo de los motores modernos. Además, su resistencia le permitía atravesar senderos difíciles sin importar el clima, convirtiéndolo en un verdadero trabajador del campo.
Pero los tiempos han cambiado. Hoy, la motocicleta ha desplazado al burro en los fundos. Los jóvenes prefieren la velocidad del motor y han dejado en el olvido la nobleza de este animal. Sin embargo, la moto no tiene la paciencia del burro ni su capacidad de transitar por caminos difíciles sin necesidad de gasolina o mantenimiento mecánico. Donde antes un muchacho montaba su burro para hacer una diligencia, ahora arranca una moto y se pierde en el polvo del camino, dejando atrás una tradición centenaria.
A pesar de la modernidad, el burro sigue siendo un símbolo de resistencia y utilidad en el campo. Su importancia no debe ser olvidada, pues representa la vida sencilla, la conexión con la naturaleza y el respeto por los ritmos del llano. Tal vez la tecnología haya cambiado la forma en que nos movemos, pero el valor de un burro manso en el fundo es un legado que merece ser recordado y preservado.
Ingles
The Importance of a Tame Donkey on the Farm
An essential companion for farm work, replaced by modernity.
For many years, the tame donkey was an essential part of daily farm life. Strong and reliable, it carried loads and ran errands, always ready for the tasks that kept the countryside moving. Where there was a donkey and a child over ten years old, there was a perfect team to handle daily duties efficiently.
But times have changed. The motorcycle has replaced the donkey in many farms, offering speed and convenience. Now, few people want to ride a donkey when they can hop on a motorbike. Yet, the donkey was more than just transport—it was a faithful companion, patient and steady, requiring no fuel or maintenance, only care and kindness.
Beyond its practical use, the donkey represents tradition and resilience in rural life. It symbolizes the connection between humans and nature, a bond that modern technology often weakens. While motorcycles dominate the farms today, the tame donkey remains a reminder of the past, of a simpler and more harmonious way of life in the countryside.