Historia, raíces y el alma del joropo colombo-venezolano

Para hablar de la música llanera con propiedad, hay que quitarse el sombrero ante la historia. Aunque hoy el joropo retumba con la misma fuerza en Arauca, Casanare, Meta y el Vichada, igual que en el Apure, existe una realidad que le da sentido a nuestra identidad: Venezuela fue la cuna donde se inició el joropo con arpa y donde se gestaron los ritmos que hoy conocemos como la base de nuestro folklore.
El inicio de una leyenda sonora
Es por esto que muchos hermanos venezolanos defienden con tanto orgullo que el joropo es de su tierra. Fue allí donde se dio la transición de los instrumentos de cuerda europeos hacia la configuración técnica que hoy nos hace vibrar. La maestría para adaptar el arpa a los golpes recios y las tonadas nació en territorio venezolano, dándole origen a una estructura musical tan compleja como hermosa.
Una tierra, un solo sentimiento
Si bien el inicio y la diversificación de muchos ritmos se le abonan a Venezuela, la música llanera terminó convirtiéndose en un patrimonio sin fronteras. El llanero de Colombia adoptó este legado como propio, aportando también su estilo, sus vivencias y su amor por la sabana.
Hoy en día, cuando escuchamos un pajarillo o un seis por derecho, no estamos escuchando a dos países distintos; estamos escuchando a un solo pueblo que se comunica a través de las cuerdas.
Preservando nuestra cultura
En la Revista Cultural Atardecer Llanero, creemos que reconocer estas raíces es fundamental para que las nuevas generaciones entiendan que nuestra cultura es un lazo de hermandad inquebrantable. Ya sea en una parrando en Arauca o en un festival en Barinas, el arpa siempre será el lenguaje del alma llanera.